EUDLF: Como la
cabeza al sombrero
- DIOS
DE LA LLUVIA: Dios
de la lluvia apiádate de las bestias y de mí. Vino tu
llanto a redimir un mundo polvoriento y gris hecho a
medida del triste reptil. Seguí la luz y te perdí,
desde ese día rezaré para que vuelvas envuelto en tu
bruma. Dejé a mi niña, dulce abril, entre aire de
fresas y jazmín; se desdibuja en mi memoria la umbría
vereda que tantas veces recorrí. Antiguos aromas
flotando en el aire, espíritu de la bruma, no volverán.
Ríe mi niña flotando en el suelo; Dios de la lluvia,
devuélveme al ayer. Maldito el día en que crecí
dejando atrás el sueño aquel del dulce mundo en que
aprendí el dificil arte de vivir. Entre los campos
verdes de abril, lejos del mundo, muy cerca de ti. Dios
de la lluvia abrázame y bajo tus nubes volveré a
considerar las múltiples formas de besar el aire bañado
en tu perfume singular de antiguos aromas flotando en el
aire espíritu de la bruma, no volverán. Ríe mi niña
flotando entre helechos Dios de la lluvia devuélveme al
ayer Dios de la lluvia apiádate de las bestias y de mí,
pobre mortal.
- SARA:
No es que el tiempo lo cure
todo pero puede ayudar. Yo no supe cómo tratarte no doy
para más. Sara, dulce, cuéntame el secreto azul que se
esconde en tus ojos tibios de animal; secreto suave que
he perseguido tantas noches sobre tu piel. Dilo con
suavidad, como hacías ayer, dime cosas que yo nunca
pueda comprender. Hubo un tiempo en que sin quererlo, nos
llegamos a odiar como se odian dos animales no dio para
más. Sara, dulce, cuéntame el sortilegio aquel que
aprendiste de las aves del amanecer; dame el filtro que
bebías para amar. Sara, Sara, dulce Sara. Sara, Sara,
dulce Sara. Secreto suave que he perseguido tantas noches
sobre tu piel; sabes que sólo soy un salvaje y que nunca
he dado para más. Sara, Sara, dulce Sara. Sara, Sara,
dulce Sara.
- EN
LOS ÁRBOLES: A
veces escribo cartas para no sentirme atado, para no
aferrarme a remilgos que yo quisiera abolidos de mi vida.
De mi vida. Y pinto de colores los sobres. En el remite
soy un enigma. Espero siempre una respuesta para sentrime
querido como los niños chicos. Como los niños chicos.
Mensajes que llegaran, papeles envolviendo una piedra.
Mensajes de cariño que rompìeran el cristal de mi
cuarto. Quién pudiese ingerir un fármaco precioso...,
Convertir en realidad todos esos sueños. Cartas que me
dijesen cosas bonitas como que vendrás a maullarme de
contraseña en la madrugada bajo mi ventana. Bajo mi
ventana. Que corriéramos campo a través, a la luz de
los fulgores del alba. Chispas blancas sobre el rojo
violento. Y que hiciésemos cabañas en los árboles. En
los árboles. Mensajes que llegaran, papeles envolviendo
una piedra. Mensajes de cariño que rompieran el cristal
de mi cuarto. Quién pudiese ingerir un fármaco
precioso... Convertir en realidad todos esos sueños.
- LA
PIEDRA REDONDA: Lo
que tengo lo llevo conmigo en esta absurda bolsa y en
este absurdo cuerpo, lo que quiero está siempre tan
lejos quizá al final de este absurdo camino. A veces,
cuando el sol se va, tiñendo de violeta la esquina del
mar comprendo que nunca tuve nada y que muy probablemente
nunca lo tendré. Uuuuh!... Sólo el beso de tu voz en el
alma. Uuuuh!... Y el perfume de tu cuerpo a mi alrededor.
Me siento tan solo, no sé en qué dirección correr como
un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.
Llévame, aire del camino hasta donde nadie me pueda
encontrar. Llévame, aire tibio y azul y abandóname
colgado de tu luz. En tu luz brillante de cuchillo
adivinaré la rosa y el clavel. Llévame, aire del
camino, hasta donde nadie me pueda encontrar. A veces,
cuando asoma el sol, llenando de diamantes la quietud del
mar, me doy cuenta de que siempre fue así; siempre
estuve solo y siempre lo estaré. Uuuuh!... Cuántas
veces soñando despierto. Uuuuh!... Creo verte entre la
multitud. En algún lugar alguien debería escribir que
este mundo no es más que una enorme piedra redonda. Me
siento tan solo, que no sé en qué dirección correr,
como un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.
Llévame, aire del camino hasta donde nadie me pueda
encontrar. Llévame, aire tibio y azul y abandóname
colgado de tu luz. Y en tu luz brillante de cuchillo
adivinaré la rosa y el clavel. Llévanos, aire del
camino, hasta donde nadie nos pueda encontrar.
- A
VECES SE ENCIENDE: El
tiro con fuego negro de cuervo de tu mirada, ha sido el
relámpago que anuncia el trueno en la tempestad. Fuiste
mía anoche en sueños. Me besabas con el ansia con que
se besan unos labios nuevos. Deja que diga que no te
pediré que me quieras mientras vivas. Pero palabra de
amor no daré. A veces se enciende, a veces se apaga, la
llama sagrada que tú y yo conocemos. Leña que ha de
arder. Vamos a querernos mi pequeño amor como tú y yo
sabemos. Vamos a querernos mi pequeño amor como tú y yo
sabemos. Estaremos juntos mientras cada minuto que
pasemos separados sea para sufrir. Será como un tributo
a pagar. La lanza en el costado. El camino embrozado que
hay que recorrer. Deja que diga que no te pediré que me
quieras mientras vivas. Pero palabra de amor no daré.
Tiro de fuego de tu mirada ala de cuervo que me agita el
alma. Vamos a querernos mi pequeño amor como tú y yo
sabemos. Vamos a querernos mi pequeño amor como tú y yo
sabemos.
- COMO
LA CABEZA AL SOMBRERO: Como
la cabeza al sombrero, como lápiz al papel, como la
llave a su agujero, como el tren a la estación, así te
quiero yo. Así te quiero yo. Como el pájaro al abismo,
como el susurro al rincón, como la bruma quiere al río,
como la piel a la piel. Te pertenezco, no lo puedo
evitar. Dime aunque mientas que vuelves. Dame aunque
mientas tu amor. Somos fuego y escorpión, manantial y
desierto, alarido y canción. Te deseo y estás lejos, te
deseo... Dame a bocados tu amor. Somos el vértigo y el
beso, la saliva y el carmín. Aunque haya océanos
bullendo entre los dos, no has estado nunca a salvo. Me
perteneces, no lo puedes evitar; Dame aunque mientas tu
amor... Tendré a bocados tu amor. Así te quiero yo.
Así te quiero yo. Como la metralla a la carne, como la
carne al cañón, como el cañón a la sangre, como la
sangre al alcohol... Así te quiero yo... Me perteneces,
no lo puedes evitar. Dime aunque mientas que vuelves.
Dame aunque mientas tu amor.
- YA
NO DANZO AL SON DE LOS TAMBORES:
Como barca en la mar que
encendida en brea muge y zozobra. Me enciendo así yo con
tu recuerdo, con tu mención. Se me altera el pulso, la
sangre, como a un niño ladrón. Y mi débil engranaje
golpetea azorado, en completa confusión. No es que a tu
paso ardan candiles, inflama el aire la yesca que es tu
sola presencia. Si tan sólo al pensar que él
encontrará morada entre tus pies tiemblo de ira y de
celos, que no se alterará mi condición al saberte al
alcance de sus besos bandoleros... Prendí hogueras que
no supe mantener. Ya no danzo, loco, al son de los
tambores, porque al fin, porque al fin te consiguió él,
que tiene un corazón tan guerrero como cruel. Tan
infiel. Que se desencajen las baldosas a mi paso, que se
abran simas, que se desplomen las paredes sobre mi, que
en tu regazo supliqué. Como barca que en la mar que ha
roto el timón y al pairo va. Como barca en la mar, yo
ardo por ti custodio que fui. Que no piense que obtiene
tu favor por dar tesoros que más tarde no podrá
recuperar. Porque el admitirlos son maneras tuyas de
confiar. Confundir y confiar para golpear después de
confiar. Confundir y confiar para golpear después.
Confiar.
- TRABAJO
DURO: A media noche
despierto con la sensación de que he escuchado entre
sueños tu voz y una tristeza infinita que me atrapa. Te
añoro desde que no estás. Te veo de pie en una gabia de
vértigo, alzas el rostro diciéndome adiós. Tu silueta
que tizna las nubes. Te veo desaparecer. Una carga de
siglos que te aplasta en tu viaje. A la entrada tu cara
ya es un puro carbón. Trabajo duro, tajo que amarga. En
este día melancolía. Veo a tu padre leyendo en el
comedor. Ha preparado la cena para ti. El sabe lo que son
ocho horas bajo el suelo, él sabe el cuerpo que
traerás. De mañana ese cuerpo te transporta al
infierno. Y cuando sales piensas: ya no bajo más.
Trabajo amargo, tiempo que amarga. En este día
melancolía. A media noche me despierto con la sensación
de que he escuchado entre sueños tu voz.
- TRECE
PLANETAS: Pena
negra, mal de amor. Maleficio mágico. Fuiste tú mi
perdición; zahorí, ¿por qué a mí? Mal tabardillo le
dé... ¿Qué pudo hacer? Se fue mi estrella. Se anuló
mi voluntad, trece planetas marcan mi mala suerte. Tocado
estoy. Hasta mi sombra huye de mí. Al viento le
pregunté y el silencio contestó: si es que la quieres
nombrar tu lengua sea un cascabel, si la quieres invocar,
tus dedos sean de laurel. Dormir abrazado a ti,
revolverte el pelo rojo. Dormir enredado en ti, en tu
cuerpo que ahora enreda el viento.
- LLANTO
DE PASIÓN: Me he
acordado muchas veces de ti y hoy he pensado en volverte
a escribir. Quiero contarte que buscando entre mis libros
ví tus dibujos y casi te oí decir: Hola, ¿que tal?
Lico Manuel. ¿Qué tal? Vamos, pero dando la vuelta.
Espera, no me cojas aún que está mi madre en el
balcón. Yo vivo en el mismo lugar. Existe aún aquel bar
y el rincón donde solíamos hablar. Donde escuchábamos
nuestra canción. Ahora ya no van a merendar los de la
fábrica de gas. Ahora ya no hay palomas ni aquel gato
que era cazador. Arrancaron el árbol que hacía sobra en
tu puerta. Y casi te oigo decir: Hola, ¿qué tal Lico
Manuel? Casi te puedo imaginar al ver tu firma en un
papel. Aún te recuerdo, muchas veces pienso en ti. Hoy
he pensado en volverte a escribir. Agua de lluvia, agua
de días que vendrán... Me desperté sin ti. No
volverás jamás. Adiós Manuel, Lico Manuel, me voy
hacia el fondo, al mar de la nada. Y yo aquí tendido
estoy en este lecho de llanto. Arriba, venga, ponte de
pie. Lo que pasó ya no existe. Pues bien, hace ya más
de un mes. Ahora mejor es olvidar. Llanto de pasión. No
recuerdo quién fue a la que tanto amé. Qué cansado que
estoy... Recuerdos que al final son un cruce de caminos.
¿Qué tal Lico Manuel? Ya ves, vuelvo a donde empecé.
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